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Aplicación del "Curso Terapéutico de Aceptación I y II" al trastorno obsesivo compulsivo

Dr. José Antonio García Higuera
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Centro de Psicología Clínica y Psicoterapia
C/ López de Hoyos, 66. Escalera 2, 1º A
Teléfono: 914119140
Madrid 28002

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Estas páginas pretenden aportar sugerencias a los terapeutas sobre cómo se puede aplicar el contenido de este libro para superar determinados problemas psicológicos.

El curso no es una terapia, es decir, no va dirigido a superar los ataques de pánico, ni la depresión, ni los problemas de ansiedad, ni el tartamudeo, ni la hipocondría ni ningún otro tipo de trastorno, que necesite una terapia psicológica.

Puedes encontrar más información entre la relación del Curso y la terapia psicológica en este enlace.

El autor del libro y Psicoterapeutas.com declinan toda responsabilidad en el uso terapéutico de este libro que se haga sin la guía de un profesional competente.

Todo el libro es aplicable a este trastorno; se puede entender bien como se establece el TOC leyendo los 5 primeros capítulos.

Planteamiento del problema:

(Son párrafos sacados del curso)

En el trastorno obsesivo compulsivo, en el proceso de toma de decisiones se considera el estado de ánimo que se alcanza como el elemento fundamental para saber si el objetivo de la tarea ha sido alcanzado.

Los que tienen un trastorno obsesivo compulsivo realizan un ritual que les deja momentáneamente más tranquilos; pero si no les deja del todo, siguen realizándolo. Saben que han cerrado la puerta; pero si la ansiedad persiste, la vuelven a cerrar hasta que la sensación de ansiedad se reduce lo suficiente: cerrar la puerta está bien hecho si la sensación que nos produce es la adecuada.

Pensamiento obsesivo

En el apartado 3.1 del capítulo 5 se hace un planteamiento concreto sobre el pensamiento obsesivo. En él se explica, por ejemplo, que los esfuerzos que hacemos para dejar de pensar nos llevan en dirección contraria y que lo mismo ocurre con nuestras sensaciones:

Podemos indicar a alguien que le vamos a decir tres números y que cuando le preguntemos “¿Cuáles son los números?” nos los repita. Le decimos 1, 2, 3 y le preguntamos un par de veces. Luego le pedimos que por todos los medios a su alcance elimine de su cabeza esos números y los olvide del todo. Esa persona comprobará dos cosas: que en realidad no puede quitárselos de la cabeza y que si se distrae, en cuanto le preguntamos de nuevo, vuelven a aparecer indefectiblemente. Puede intentar decir otros, pero si los cambia, lo hace forzadamente porque los números están en su cabeza y no hay forma de eliminarlos.

Podría parecer que la solución es pensar en otra cosa; pero nuestra atención está jerarquizada: atendemos a las cosas más importantes y lo más importante que tenemos entre manos es aquello que nos da miedo. Si hubiera un peligro presente, por ejemplo, una avispa volando cerca de nosotros no estaríamos muy atentos a leer estas líneas, quitar la atención que dedicamos a los pensamientos que nos indican una amenaza sería igual de difícil.

Los números no son importantes y por eso nos olvidaremos en seguida de ellos. En consecuencia, la solución es no dar importancia a lo que nos dicen los pensamientos, a nuestros temores. Este cuento de hadas nos enseña qué es no dar importancia:

Había una vez un reino feliz que solamente tenía un problema: un ogro se había instalado en la montaña más alta e inaccesible y acosaba a sus habitantes sin cesar. Un buen día tuvo la osadía de raptar a la hija única del rey y llevarla a su castillo en lo alto de la montaña. El rey, desesperado, publicó un edicto en el que ofrecía la mano de la princesa a quien la rescatase del ogro. Se presentaron dos caballeros: uno con una magnífica armadura nueva y reluciente, y el otro, un pobre caballero que había cogido prestada la armadura de su padre, que era vieja y, además, le venía algo grande. Ambos estaban tan enamorados de la princesa, que se arriesgaron a subir donde el ogro tenía su castillo. Cuando estaban preparándose para su tarea, llegaron noticias de que el ogro se había ido a otra cueva a cazar. Desde la cueva vigilaba el camino al castillo, de forma que nadie podría subir sin que él lo viese. Los caballeros, asombrados de su suerte, iniciaron la escalada. Cuando llegaron al lugar que estaba bajo la vigilancia del ogro, este les vio y les lanzó dos certeras flechas. Les dio a ambos en el hombro, en el mismo lugar, causándoles un dolor insoportable. Además, comenzó a gritarles: “Con esa flecha en el cuerpo nunca llegaréis al castillo, ni podréis subir las murallas. Perderéis mucha sangre, moriréis antes de llegar. Volved atrás”. El caballero de la armadura reluciente pensó, “Lleva razón”, y bajó rápido, pensando: “Necesito estar fuerte para llegar; en cuanto me cure y me sienta bien, volveré y venceré al ogro”. El de la armadura vieja hizo oídos sordos y con el mismo dolor y sufrimiento que el otro, siguió hacia arriba. Llegó al castillo, agotado y dolorido; pero según se acercaba se le olvidaban el dolor y su herida. Finalmente rescató a la princesa y se casó con ella, llegando a ser un rey muy querido en aquella nación. El caballero pobre no dio importancia a la herida y al dolor, mientras que el otro cayó en la trampa de pensar que primero debería sentirse bien para luego hacer lo que tanto anhelaba. El pobre, frente a su deseo de alcanzar su meta, no dio importancia a su herida ni hizo caso a los pensamientos que el ogro puso en su cabeza, mientras que el otro concedió importancia a sentirse bien, por encima de sus valores.

Es importante tener claro qué es nuestra “princesa”, es decir, identificar los valores por los que nos merece la pena arriesgarnos a sentir todo el sufrimiento que sea necesario. Los ejercicios de identificación de nuestros valores y de aceptación del sufrimiento nos ayudan en el camino hacia lo que da sentido a nuestra vida.

Tratamiento

Ante el problema de confiar que una cosa está bien hecha solamente si lo sentimos así, en lugar de tener una referencia objetiva externa, es preciso cambiar la decisión, aceptando la sensación de que no estamos tranquilos con lo que hemos hecho, pero sabiendo que está hecho lo mejor que hemos podido. Para hacerlo hemos de entrenarnos en aceptar nuestra sensación de ansiedad y el pensamiento de que algo puede no estar bien hecho.

Los pensamientos obsesivos hay que aceptarlos, puesto que no podemos quitarlos de nuestra mente.

El tratamiento implica:

Para ello se pueden hacer los siguientes ejercicios:

Todo ello para realizar la exposición, primero en la imaginación y luego en vivo al miedo más profundo:

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El curso no es una terapia, es decir, no va dirigido a superar los ataques de pánico, ni la depresión, ni los problemas de ansiedad, ni el tartamudeo, ni la hipocondría ni ningún otro tipo de trastorno, que necesite una terapia psicológica.

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