Breve introducción a la teoría de los marcos relacionales

Qué son los pensamientos

Tenemos la tendencia a poner nombre a muchas de nuestras conductas. Por ejemplo, decimos que una persona es tartamuda, “tiene tartamudez”. Esto nos podría llevar a pensar que la tartamudez es una estructura en su cerebro que produce el tartamudeo. Sin embargo, si consideramos el tartamudeo como una conducta aprendida en determinadas circunstancias, estaremos más cerca de entender por qué un tartamudo tartamudea unas veces y otras no. Podemos pensar lo mismo de la ansiedad, de la depresión, de la autoestima, etc.: que existen estructuras cerebrales que las producen y que corresponden a ese nombre, o, al revés, que son conductas que responden a las leyes del condicionamiento. Siguiendo ese razonamiento, podríamos pensar que los pensamientos son estructuras cerebrales que residen en el cerebro y nos llevan a actuar de una forma u otra o que son conductas que responden a las leyes del condicionamiento.

El condicionamiento clásico y el condicionamiento operante, tal y como se conocían en los años 50, no demostraron plenamente que fueran capaces de dar cuenta que el pensamiento fuera una conducta. Chomsky realizó una crítica a la posición de Skinner que no fue contestada. Chomsky afirmaba que la variedad del discurso humano y su creatividad necesitarían una cantidad de condicionamientos que las harían imposibles.

Los últimos avances en los estudios conductuales han llevado al descubrimiento de los condicionamientos derivados: en personas con lenguaje se ha encontrado que, en determinadas situaciones, hay algunos condicionamientos que se dan sin necesidad de entrenamiento directo previo. La teoría de los marcos relacionales propone este tipo de condicionamientos como la base que puede explicar la generación del pensamiento como una conducta.

Los pensamientos como conductas

Pensar, comunicarnos, entender, son conductas y como tales, similares a andar, mirar, etc. Tienen sus peculiaridades, evidentemente, pero en esencia responden a las leyes del condicionamiento como todas las conductas humanas.

Muchas  de nuestras conductas las aprendemos por sus consecuencias. Así, aprendemos a andar cuando damos los pasos de determinada manera que nos permite no caernos y ser más hábiles que cuando gateábamos. Aprendemos a hablar cuando emitiendo ciertos sonidos obtenemos unos resultados. Por ejemplo, decimos “papá” y recibimos un cariñoso achuchón de nuestro padre, etc.

Es en la comunicación social donde aprendemos el lenguaje y por tanto el pensamiento. Independientemente de cómo se almacene en nuestro cerebro, lo que es relevante cuando decimos la palabra “papá”, no es como se almacena en nuestro cerebro, sino que cuando pensamos o decimos “papá” obtenemos una determinada consecuencia.

Respondemos a relaciones

Una parte del aprendizaje del lenguaje incluye asociar a una palabra un objeto; pero eso es demasiado simple. Así aprendemos a nombrar y a pensar en acciones y objetos; pero también aprendemos a reaccionar ante relaciones entre objetos. También lo saben hacer los animales; a una paloma se le puede enseñar que picando en el círculo más grande se le da el alimento. Indudablemente los animales reaccionan a relaciones basadas en las propiedades físicas de los estímulos.

En ese sentido, les podemos enseñar a reaccionar a palabras. A un mono, por ejemplo, le podemos enseñar a asociar nuestra palabra galleta con la galleta real, tal y como hacía Pavlov con la campana y la comida a sus perros. Este fisiólogo de principios del siglo XX hacía sonar una campana y luego les presentaba la comida. Finalmente el perro respondía a la campana salivando de forma similar a cuando se le presentaba comida. Con el mono, en lugar de la campana, podemos emplear una tarjeta con la palabra “galleta” escrita en ella y el condicionamiento se daría igual, el mono acabaría salivando cuando le presentamos la tarjeta con la palabra “galleta” antes de la galleta real.

Con el mismo mono podríamos hacer otro condicionamiento que relacionara la imagen de una galleta con la tarjeta, de forma que cuando le presentemos la imagen de la galleta el mono seleccione la tarjeta con la palabra galleta.

La imagen de galleta se une por una flecha con la etiqueta galleta

Después de hecho este condicionamiento, si le presentamos la tarjeta al mono, no elegiría la imagen de la galleta, salvo que hiciéramos un condicionamiento expreso para que el mono, cuando se le presentase la tarjeta con la palabra galleta, eligiese la imagen de la galleta.

La etiqueta de galleta con una flecha a la imagen de galleta

Podríamos también hacer con el mono el siguiente condicionamiento:

La imagen de la galleta con una flecha hacia una galleta real

El mono tampoco escogería la tarjeta con la palabra galleta cuando le presentamos la galleta real, salvo que se condicione expresamente. Para que el mono relacionase la tarjeta, la imagen y la galleta real tendríamos que hacer los 6 condicionamientos siguientes.

La etiqueta la imagen de galleta y la galleta real unidas por flechas

Pero, aunque hiciéramos todos esos condicionamientos, después de haber condicionado la tarjeta a la galleta real, cuando le presentemos la imagen de la galleta, el mono no salivaría.

Relaciones derivadas

Los seres humanos, cuando hemos aprendido a hablar y sabemos el significado de la relación EQUIVALER, (hablando técnicamente: hemos adquirido el marco relacional de coordinación correspondiente) somos capaces de dar un paso más allá porque seremos capaces de derivar relaciones sin entrenamiento previo. Basta que nos digan que la palabra “galleta” EQUIVALE a una galleta real para que relacionemos rápidamente la galleta real con la palabra “galleta”, sin esfuerzo aparente y sin entrenamiento adicional. Se dice que se han establecido  relaciones derivadas por implicación mutua

La imagen se relaciona con la etiqueta y viceversa sin entrenamiento

Si, además, nos dicen que la imagen de la galleta EQUIVALE a la galleta real, derivaremos las 6 relaciones anteriores sin necesidad de mayor entrenamiento.

Las seis relaciones distinguiendo relaciones entrenadas y derivadas

Hablando técnicamente, decimos que se han dado relaciones derivadas por implicación combinatoria.

Lo que es más interesante desde el punto de vista psicológico: cuando presentamos la tarjeta o la imagen a la persona así entrenada y le decimos “te voy a dar esto para que lo comas”, salivará, si antes se ha condicionado a una galleta real, es decir, se la hemos presentado y se la hemos dado para que se la coma varias veces. Con nuestro lenguaje al presentar la imagen o la tarjeta hemos establecido que la relación EQUIVALER es la relevante en ese momento (técnicamente se dice que se ha establecido arbitrariamente un contexto Crel) y que la función que se va a elicitar es la de comer (se dice que se ha establecido también arbitrariamente un contexto Cfunc). La función de la tarjeta y de la imagen, es decir, la respuesta que elicitan en la persona, ha cambiado por el mero hecho de participar en la relación EQUIVALER. Se ha dado una transformación de funciones.

Lo mismo que se ha explicado aquí para la galleta, la tarjeta y la imagen se puede aplicar a cualquier otra pareja  de estímulos que participen en la relación EQUIVALER.

Podríamos variar arbitrariamente la función diciéndole, por ejemplo, “busca esto” mientras le enseñábamos la tarjeta; de esta forma le indicábamos que la conducta que va a ser reforzada es la buscar.  La tarjeta puede participar en otra relación como, por ejemplo, “SER MAS GRANDE”, si la presentamos junto con otra imagen de galleta:Entonces se derivaría la relación “SER MÁS PEQUEÑO”

Una imagen de galleta y otra más pequeña

La teoría de los marcos relacionales postula que los seres humanos, inicialmente cuando somos niños y estamos aprendiendo a responder a una relación como EQUIVALER, necesitamos también el entrenamiento complejo e intenso en las todas las direcciones; pero pronto adquirimos una forma de responder que nos permite derivar las relaciones.

Cuando se ha adquirido esta forma de responder a una relación, por ejemplo, EQUIVALER la teoría de los marcos relacionales dice que se ha establecido un marco relacional.

En el hombre las cosas se complican porque los condicionamientos clásico y operante también actúan y muchas veces es difícil saber en una determinada conducta cuales son los que están influyendo.

Lo explicado hasta este momento, tanto con el mono como con el hombre, no son una teoría, son hechos comprobables que cualquier persona puede confirmar con el entrenamiento y los medios necesarios. A continuación se presenta una teoría que explica estos hechos.

La teoría de los marcos relacionales

Por ser un poco más técnicos, podemos decir que la teoría de los marcos relacionales establece que las relaciones derivadas entre estímulos son consecuencia de los marcos relacionales que son:

1.- Respuestas a relaciones arbitrarias y no arbitrarias entre estímulos. Con tres propiedades:

  1. derivación de condicionamientos por implicación mutua,
  2. por implicación combinatoria y
  3. con transformación de funciones

2,. Respuestas que se aprenden: Son operantes generalizadas, es decir, clases de respuestas con la misma función y diferente topografía (un ejemplo ilustrativo es la imitación, que cuando imitamos estamos dando una respuesta de imitación, aunque hagamos cosas muy diferentes)

3.- Son aplicables arbitrariamente, es decir, dependen del contexto en el que se marque arbitrariamente (Crel, Cfunc).

Hablando técnicamente, un marco relacional consiste en una conducta operante generalizada a relaciones entre estímulos que pueden ser arbitrarias, con tres propiedades: implicación mutua, implicación combinatoria y transformación de funciones.

La generación en el lenguaje

Como podemos ver, se pueden formar redes de comprensión tremendamente complicadas con pocos aprendizajes.

Shawn Smith nos da un bonito ejemplo

http://www.ironshrink.com/articles.php?artID=080224_what_is_relational_frame_theory_two (enero, 2011):

Relaciones familiares

Habiendo establecido cuatro relaciones, las que están en rojo, derivamos 16, es decir, todas las relaciones en azul de la figura.

Quizás la crítica más contundente que Chomsky planteó a Skinner fue que si para poder generar una red de significados como la que muestra la figura fuera necesario realizar un condicionamiento para cada una de las flechas de la figura, sería imposible que pudiéramos hablar. Sin embargo, el descubrimiento de las relaciones derivadas permite dar una explicación al lenguaje y al pensamiento desde el conductismo.

Relaciones arbitrarias

Las relaciones que podemos aprender los seres humanos son arbitrarias, es decir, no tienen que estar sujetas a las propiedades físicas de los estímulos. Podemos decir que 10 céntimos de euro valen más que 5, aunque la moneda de 5 tiene mayor tamaño que la de 10 y todos lo entendemos. También decimos que el Real Madrid es mejor que el Vallecas F.C. y lo entendemos todos, aunque es una relación arbitraria y que puede no tener sentido en determinados contextos. Los hombres respondemos a relaciones arbitrarias entre estímulos, es decir, relaciones establecidas por la comunidad verbal a la que pertenecemos, aunque no tengan relación con su aspecto físico.

¿Cómo aprendemos a derivar relaciones?

La hipótesis de la teoría de los marcos relacionales es que lo hacemos por condicionamiento. Inicialmente, para cada relación, necesitamos que se dé un entrenamiento intenso en todas las direcciones y para un número de estímulos (galleta, etc.) diferentes. Cuando hemos se han dado un número significativos de asociaciones en todas las direcciones con diferentes estímulos y hemos adquirido la conducta de responder a la relación, es decir, hemos adquirido el marco relacional, con cualquier nuevo estímulo del que se nos diga que EQUIVALE a otro, generaremos las relaciones derivadas sin necesidad de más entrenamiento.

Transformación de funciones

La importancia de las relaciones derivadas reside en que, dado un estímulo que tiene una función, es decir que dispara una conducta en ese contexto, si otro estímulo establece una relación con él en ese contexto, la función de ambos queda transformada por la relación. Hemos visto que cuando la imagen de una galleta participa en una relación de EQUIVALER con la galleta real, la función de la imagen de la galleta adquiere la función de provocar salivación en un determinado contexto.

Por poner otro ejemplo con otro tipo de relación que no sea de equivalencia, si en el contexto de una tienda de todo a cien decimos que el vaso rojo es mejor que el azul, la probabilidad de comprar el rojo aumentará.  Si de un producto distinto del que usamos habitualmente alguien nos dice que es mejor y más barato, la probabilidad de que lo compremos aumenta. Su función ha sido transformada por la relación que se ha establecido.

14/02/2011

Estamos trabajando en un pequeño resumen de como la teoría de los marcos relacionales deriva en la terapia de aceptación y compromiso