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Las reglas verbales que rigen nuestra conducta

Gracias a nuestro lenguaje podemos prever lo que nos va a ocurrir si actuamos de determinada manera. De esta forma desarrollamos reglas de comportamiento. Son formas de actuar propias del ser humano. En esta página se presenta qué son y los tipos más comunes.

Las reglas de comportamiento

Gracias al pensamiento y a nuestro lenguaje, los seres humanos tenemos una gran ventaja sobre los animales: somos capaces de comportarnos de acuerdo a lo que pensamos, y también de seguir las reglas que nos dan las demás personas o la sociedad por medio del lenguaje. Los beneficios que obtenemos con ello son impresionantes. Por ejemplo, si nos dicen que “Ante un enchufe, no metas los dedos dentro, porque vas a sufrir mucho daño” nos dan una regla que nos evita aprenderlo por experiencia. O “Son las 11 de la noche, si vas al supermercado de la esquina, lo encontrarás cerrado” nos evita un paseo en balde.

Qué es una regla verbal

Las reglas verbales gobiernan nuestra conducta especificando verbalmente las consecuencias de nuestras acciones (Skinner, 1969). Suelen constar de:

  1. Un contexto en el que se aplican. En los ejemplos anteriores “ante un enchufe”, “las 11 de la noche”
  2. Una conducta que seguimos: meter los dedos, ir al supermercado y
  3. Una consecuencia de esa conducta, daño o frustración.

Tipos de reglas verbales

Se han identificado tres clases de reglas (Hayes, Barnes-Holmes, Roche, 2001):

  1. Pliance. En este tipo de reglas las consecuencias se consiguen por el hecho de cumplirla y las consecuencias las aplica la persona que generó la regla. Por ejemplo, un padre dice “Si no comes, te castigo”. Si el niño no sigue la regla y no come y quien enuncia la regla (el padre) lo detecta, tendrá las consecuencias predichas: un castigo, que el niño evitará si la sigue y come. Las consecuencias de la regla no dependen de si el niño tenía hambre o de si la comida le gustaba.
  2. Tracking. Son reglas que se asocian directamente a las consecuencias que se obtienen de la conducta. Por ejemplo, “Si comes la comida, se te quitará el hambre y te sentirás mejor”. En este caso las consecuencias dependen de las características de la comida y es independiente de quien ha enunciado la regla.
  3. Augmenting. Es una regla verbal que cambia las propiedades reforzantes de un estímulo que funciona como consecuencia, es decir, aumenta o disminuye la probabilidad de que ese estímulo como consecuencia influya en la conducta. Por ejemplo, pasando al lado de una máquina de refrescos alguien dice: “¡Qué bien nos vendría una limonada fría!” Cuando oímos o leemos esta frase, sentimos hasta cierto punto el sabor y el frescor de la limonada, lo que hace que aumente la probabilidad de consumirla. El resultado de haberla pronunciado es que la propiedad reforzante de la limonada es mayor en ese momento. Existen dos tipos de augmenting. Uno es el motivacional, con las características del ejemplo que se ha mencionado. Otro se da cuando es la primera vez que estamos ante un estímulo y alguien lo valora. Por ejemplo, “Prueba este plato, está muy bueno” aumenta la probabilidad de probar el plato, si no lo hemos probado antes.
    La importancia del augmenting reside en que nos permite seguir reglas a largo plazo. Por ejemplo, es difícil dejar el tabaco por sus propiedades adictivas y porque las consecuencias de consumirlo solamente se ven a muy largo plazo. Las reglas que se ponen en las cajetillas como “Fumar es perjudicial para la salud” pueden servirnos para dejar el tabaco, dependiendo de la importancia que tenga para nosotros la salud. En efecto, la fuerza motivacional de este aumenting no es igual para quien ha sufrido un amago de infarto, que para quien goza de una salud excelente.

Considerando estas definiciones se puede tener una visión más conductual y precisa de las funciones ejecutivas (Pincha aquí)

Noviembre 2013

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